La tierra tembló en Venezuela este pasado miércoles 24 de junio, sacudiendo los cimientos de Ciudad Bolívar y dejando tras de sí una estela de dolor, escombros y desolación. Ante la magnitud de esta catástrofe, la solidaridad no puede entenderse como un mero sentimiento efímero, sino como una exigencia ineludible de la ley natural y de la caridad política. El hombre, por su propia naturaleza racional y social, está ordenado a buscar el Bien Común, un principio que nos obliga a reconocer en el hermano venezolano a un miembro de nuestro propio cuerpo. Cuando una parte de la hispanidad sufre, el dolor repercute en el conjunto de la comunidad, haciendo que la ayuda mutua sea un acto de estricta justicia y hermandad.
En este contexto, la Asociación Tritium Autrigonum, integrada dentro de la gran plataforma del Protocolo de Santa Pola, alza su voz y aúna esfuerzos para socorrer a quienes hoy lo han perdido todo. El Protocolo, que agrupa a 58 entidades de 12 países, demuestra que los lazos históricos y espirituales que unen a las naciones hispanas no son reliquias del pasado, sino fuerzas vivas y operantes. La publicación de este documento adjunto en la página web de Tritium Autrigonum no es solo un trámite informativo, sino un acto de proclamación pública: el reconocimiento de que la distancia geográfica no anula la unidad ontológica de nuestros pueblos.
La gravedad de la situación requiere una respuesta a la altura de las circunstancias, superando cualquier diferencia ideológica o política. Las necesidades son urgentes y concretas: se precisan equipos especializados de rescate, así como el suministro vital de alimentos, agua, medicinas y asistencia humanitaria para aliviar el sufrimiento de los afectados. Por ello, se eleva una súplica firme y directa al Excelentísimo Señor Embajador de España en Venezuela, Don Álvaro Enrique Albacete Perea, para que active todos los recursos diplomáticos y logísticos posibles y haga llegar esta ayuda con la mayor celeridad.
La tragedia actual se convierte así en una prueba de madurez y en una oportunidad para que el espíritu de hermandad hispana brille con toda su fuerza. Afrontar este desafío juntos no es solo una necesidad material, sino un imperativo moral que fortalece los cimientos de nuestra civilización compartida. Que este llamamiento remueva las conciencias y mueva los corazones, recordando que la grandeza de los pueblos se mide por su capacidad de entrega y sacrificio en pro del Bien Común cuando la hora de la prueba lo reclama.
Carta al embajador de España en Venezuela del Protocolo de Santa Pola