SE ACABA LA LINDE… ¿A LA TERCERA SERÁ LA VENCIDA?

El Procurador del Común ha vuelto a incluir por tercera vez a nuestro Ayuntamiento en el “registro de entidades no colaboradoras” con la Institución. Esta vez por no contestar a los vecinos que han contribuido con sus aportaciones por escrito, al desarrollo de las normas urbanísticas que inició el Ayuntamiento y de las que nada se sabe en la actualidad. De eso han pasado ya DOS AÑOS Y MEDIO.

¡MENUDA FORMA DE PROMOCIONAR QUE VENGA GENTE AL PUEBLO!

A continuación se puede observar de forma resumida lo que ha manifestado el Procurador del Común. Fuente: https://www.procuradordelcomun.org/administraciones-no-colaboradoras-por-no-dar-contestacion/1/

Si el Ayuntamiento no atiende el derecho de los vecinos a recibir una buena administración, no contesta a sus sugerencias para que el pueblo se pueda desarrollar, no hace más que cambiar de puesto en Secretaría-Intervención, no abre la bolsa municipal de empleo que depende de Alcaldía, manteniendo siempre a las dos mismas personas, la cantina está cerrada y el polideportivo “de aquella manera”… ¿con qué nos conformamos?

¿CON QUE NOS PONGAN CHORI-MORCI Y CHUMBA-PACHUMBA APARENTEMENTE GRATIS?

TRITIUM AUTRIGONUM

levanta la mano

y dice ¡NO!

La España de HOY

es un concepto más serio que todo esto

y los españoles nos merecemos más,

ya lo aprendimos hace tiempo.

Y es que los antiguos fueros municipales estaban tan adentrados en el alma hispánica, que obraban sobre los hombres con toda naturalidad, y de tal modo, que uno se pregunta qué habría ocurrido en Indias, a tanta distancia de España, y en presencia de situaciones tan nuevas y diversas, y de tantas pasiones desencadenadas, si no hubiera sido por esas viejas tradiciones y costumbres …

“… Ni los mayores peligros del Mapocho eran bastantes, a veces, para obtener la colaboración de los vecinos. ¿Qué importaba, después de todo? Se comía bien; se vestían trajes, disparatadamente costosos; había grandes fiestas, civiles y eclesiásticas; no faltaban lances de amor; los funerales eran magníficos. ¿Qué más podía desear un aristócrata de la Colonia? Que se saliera el río, que se ahogaran las personas, al atravesar los puentes, que cayeran goteras en las salas del cabildo, que las calles estuvieran llenas de barro, no constituía, por cierto, una delicia, pero lo toleraba muy bien la clásica indiferencia española. Eran cosas naturales, que sólo a los locos y amigos de reformas y adelantos podían preocupar…

… ¿O sería que los discretos vecinos consideraban que las rentas capitulares se invertían mal, y que había, como en los decadentes concejos de la Península, muchos gastos en sueldos, en pleitos y en fiestas Públicas?

JULIO ALEMPARTE ROBLES.